TA RAE, Tailandia -- Detrás de la suciedad del piso, más allá de las tablas separados con cuerdas, un carnicero prepara las capturas del día. El animal es inflexiblemente atado al borde del mostrador, con sus cuatro patas para arriba atadas mirando hacia arriba. A la vista de la circulación de gente que pasaba por allí, el carnicero va a trabajar, hunde su cuchillo en un lado y luego corta la carne del vientre ordenadamente.
Pronto, se organiza su trabajo dentro de una vasija de vidrio llena de hielo. Perlas de agua condensada en las costillas, muslos, corazones e hígados-, así como una cola, hervida, pero con algunos cabellos obstinados en quedarse
Una proveedora en dialecto tailandés dice "Delicioso!". Su menú, utiliza sólo la palabra tailandesa no específica para la "carne". Pero ella está dispuesta a revelar el secreto de su materia prima.
" Es toda carne de perro”, dice. “De esos perros que rondan por aquí.”
El pueblo no exhibe la firma de su industria, que se basa en el soborno y la delincuencia. Ni tampoco demuestran tener la inclinación a comer perro, considerado por la sociedad tailandesa como algo incivilizado. Los proveedores de carne de perro locales funcionan en una calle lateral polvorienta, fuera del mercado autorizado al aire libre de la ciudad.
Pero la discreción del pueblo no sirve para nada: Ta Rae es conocida en la región como un centro neurálgico en el comercio de carne de perro callejero del Sudeste Asiático. Allí, en el Nordeste de Tailandia parece infinito el suministro de perros salvajes que son acorralados, golpeados y metidos en jaulas de alambre abarrotadas de animales y preparadas para su exportación. Su destino: Vietnam, donde la demanda por perro a la parrilla se vende al triple que la carne de cerdo.
"Este pueblo, Ta Rae, si no tuviera el comercio de carne de perro, no podría sobrevivir, dice el Reverendo Somkiat Pholchangwang, quien está alfrente de la catedral católica más grande del pueblo.
Establecidos allí en 1880 huyendo de la persecución de los cristianos y más tarde de los refugiados vietnamitas, los aldeanos de Ta Rae son casi todos católicos – una rara fe en una Tailandia profundamente Budista. Somkiat es sacerdote para muchos traficantes de perros y hasta de personas.Afirma que la mayoría son resistentes a comer perro. "Es como comer a tu amigo", dice. "Pero toleramos a quienes la comen. Y no lo toleramos para la exportación.
Durante décadas los emprendedores de Thais se han enriquecido juntando perros y vendiéndolos por cientos de miles de dólares a distribuidores vietnamitas por aproximadamente U$S 10 por cabeza. La Inteligencia de la Policía, traficantes y políticos locales sugieren que al menos 30.000 perros callejeros son clandestinamente trasladados a través del río de manera ilegal.
La demanda parece estar aumentando, una tendencia que un estudio de la Universidad de Chulalongkorn de Bangkok atribuye a una economía vietnamita más vibrante. Los Perros de Thai sobrantes, una vez fueron revendidos en China, de acuerdo con el investigador Thanyathip Sipana, pero ahora el consumo vietnamita deja poco para los chinos.
En una región donde muchos recurren a los arrozales para el trabajo, la recolección de perro es una alternativa tentadora.
En las afueras de la ciudad, un alambrado de púeas encierra una colecta de perros al lado de una estación.Las Jaulas metálicas se dejan en desorden cubriendo el césped.
"Es un negocio lucrativo," dice Wit, jefe de un grupo de colecta de perros. Aunque el no diga su nombre real, ya que le podría traer represalias, dijo haciendo uso de la palabra frente a un grupo de periodistas, el hombre de 33 años estuvo de acuerdo en que sacaran un par de fotos de sus perros y un desglose de la mecánica de su comercio.